Día 17 - inseguridades

Duermo regulín. Tengo muchas pesadillas. Por la noche siento mucha presión en la zona del pecho, como si tuviera un camión encima y pesara mucho. El brazo derecho a veces se me duerme. Tengo miedo de no recuperar la fuerza. De no volver a poder escalar, el deporte que practicaba antes de la mastectomía.

Por el día llevo mejor los dolores, sin calmantes. A veces me tomo un paracetamol por la noche, y me ayuda a dormir mejor. Aunque me sigo despertando, así que intento no tomarlo o alternar día si y día no. Lo que ya no me tomo es el Valium. Ni el lexatin que llevaba tomando desde los 2 meses y medio previos a la operación.

Tengo mis días, pero creo que he sufrido mucho más antes de, que una vez hecho. Quizás precisamente por sufrir tanto ahora puedo sobre llevarlo, o fijarme en todo el mundo que se está brindando a ayudarme, a dedicar un ratito a preguntar cómo estoy, y a tener esperanza en que con la reconstrucción mejore notablemente el tema del físico. 

Le enseño el pecho a un par de amig@s que vienen a cenar. Ellos dicen que soy muy exagerada y está bien. Pero partimos de que yo he tenido complejo con el pecho desde pequeña, hasta que me opere en el año 2012. En ese momento el pecho era de mis partes favoritas. Tener que someterme a esta operación despierta en mí demonios guardados, que seguramente el resto del mundo no entienda. Para mi es importante recuperar la seguridad que consigue verme el pecho bien. Aunque sé que es algo secundario en la vida, pero me motivo con la idea de que con la reconstrucción quedará más bonito. Los expansores tienen un tacto muy duro, nada agradable. Se ven como cuadrados, además en mi caso están arriba. Llevo la banda para bajarlos, y encima de ser incómoda, porque aprieta muchísimo, no noto que los baje. La cicatriz de la zona necrosada parece un mordisco, bromeó con la idea de contar que me ha mordido un tiburón o algo cuando sea verano y alguien me la vea con el bikini. El pezón derecho sigue con zonas negras… con el sujetador se disimula mucho, parece un escote normal, pero como llevo la banda tampoco lo puedo dejar así.

Llevo días dando vueltas a la idea de si hice bien en dejarme el pezón. Para mi era necesario, para mi salud mental, quien me haya leído desde el principio podrá ver que soy una persona que da mucha importancia al físico, porque soy muy insegura. A pesar de estar en terapia y haber ido a psicólogos mucha parte de mi vida. Así que es lo que yo decidí. Desde mi postura de persona joven, 34 años, sana. Que si, que tiene un gen, pero que no tiene la enfermedad. Y es difícil. Así que “prescindí” de lo que podía prescindir. Y eso era mantener el pezón. Pero como estoy recuperando la sensibilidad en el izquierdo, me da miedo haberme equivocado con la decisión. Recuperar la sensación de sentir en ese pezón me da la sensación de que hay mucha zona donde pueda aparecer el cáncer. De tener responsabilidad en eso. No sé explicarlo bien. Una médico que me trata, porque también deje de fumar, dice que si el cáncer apareciera no sería mi culpa, por haber decidido dejarme el pezón. Sería culpa del gen que tengo. De la misma manera puede aparecer en un ganglio en la axila. En fin, espero que no. En la vida hay que arriesgarse en la medida en que nuestras decisiones nos den salud mental. 

Respecto a la movilidad, sin querer cojo cosas del armario de la cocina que están altas. Tengo que pararme a pensar que no debo, pero a veces se me olvida. Soy una persona que vive sola y muy independiente. Pero por poder, puedo. No me noto como al principio que a penas podía mover los brazos. 

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